¿Por qué nació Mi Jardín Montessori?
Mi Jardín Montessori nació del deseo de crear un lugar donde la infancia pudiera vivirse con calma, respeto y cercanía.
Después de más de diez años acompañando a niños en diferentes entornos educativos, tanto en España como en el extranjero, sentí la necesidad de dar forma a un proyecto propio. Un hogar donde cada niño pudiera sentirse seguro, escuchado y acompañado de manera individual, respetando su ritmo y sus necesidades.
Quería ofrecer un espacio en el que la naturaleza, el juego, la autonomía y el descubrimiento formaran parte de la vida cotidiana. Un lugar donde los niños tuvieran tiempo para explorar, experimentar y crecer con confianza, y donde las familias encontraran una relación cercana basada en el respeto y la comunicación.
Así nació Mi Jardín Montessori: un hogar preparado para acompañar los primeros años de vida con presencia, confianza y cariño.
¿Qué es una madre de día?
Una madre de día es una profesional especializada en la primera infancia, con una formación específica que le permite acompañar el desarrollo de los niños durante una etapa tan importante de sus vidas.
La diferencia es que este acompañamiento se realiza en un hogar preparado especialmente para ellos, donde un grupo muy reducido de niños comparte el día en un ambiente tranquilo, seguro y familiar.
Al ser un grupo pequeño, puedo conocer a cada niño de verdad, observar sus necesidades, respetar su ritmo y acompañar sus aprendizajes de una forma cercana e individual.
Aquí los niños juegan, exploran, descubren, cuidan del entorno, disfrutan de la naturaleza y aprenden a través de las experiencias cotidianas. Todo ello en un ambiente donde pueden sentirse seguros, ganar confianza en sí mismos y crecer con calma.
Para mí, ser madre de día significa acompañar la infancia desde el respeto, la presencia y el vínculo, creando una relación de confianza tanto con los niños como con sus familias.
Mi manera de entender la infancia
Los primeros años de vida son una etapa única. Cada día está lleno de pequeños descubrimientos, grandes aprendizajes y momentos que ayudan a construir la confianza con la que los niños crecerán en el futuro.
Cada niño es diferente. Tiene su propia personalidad, sus intereses, sus tiempos y su manera de descubrir el mundo. Por eso no creo que todos deban aprender al mismo ritmo ni de la misma forma. Mi papel es observar, acompañar y ofrecer un entorno donde puedan sentirse seguros para explorar, experimentar y desarrollar todo su potencial.
Para mí, acompañar la infancia también significa respetar sus emociones, celebrar sus logros y estar presente cuando necesitan apoyo. Significa confiar en sus capacidades y ofrecerles el tiempo necesario para intentar, equivocarse, volver a probar y sentirse orgullosos de lo que consiguen por sí mismos.
Creo en una infancia vivida con calma, donde haya espacio para jugar, moverse, ensuciarse, cuidar de la naturaleza, hacer preguntas y disfrutar de las pequeñas cosas que cada día les ofrece.
Creo que la infancia merece tiempo, respeto y una mirada atenta. Por eso, cada día ofrezco un lugar donde los niños puedan crecer con calma, descubrir el mundo con curiosidad y sentirse profundamente acompañados.
Los pilares de mi proyecto


Respeto por el ritmo de cada niño.
Un hogar preparado para crecer.

